Las dos visitas recientes, de los Presidentes de los Estados Unidos y de la Federación Rusa, a XI JINPING, a pesar de estar previstas, dan una idea correcta sobre el poder del líder chino en las decisiones geopolíticas que están reconfigurando las relaciones internacionales y la geopolítica mundial.
Simplemente, la sucesión casi inmediata de la llegada de Donald Trump y de Vladimir Putin a Beijing, suponen la consideración evidente de la capacidad de XI para ocuparse de dos situaciones absolutamente diferentes, con dos potencias nucleares que han violado el derecho internacional atacando, respectivamente, a Irán y a Ucrania, buscando en realidad el apoyo tácito del líder asiático, que muestra, sorprendentemente, una moderación ausente en sus huéspedes.
Trump llegó con el bagaje de una guerra abierta con una potencia media, que juega un papel fundamental en la estabilidad de Oriente Medio, en la economía mundial y en la seguridad nuclear internacional, además con unas operaciones militares interrumpidas y prácticamente “atascadas” por la baza estratégica planteada por Irán en ORMUZ, y el ferviente deseo de los persas de continuar con su proyecto nuclear militar.
China es sujeto paciente del bloqueo de ese estrecho por la disminución apreciable de su abastecimiento de energía, ya agravado por el cierre de su fuente más lejana, pero especial por el tipo de petróleo que importaba, Venezuela, precisamente controlado por Estados Unidos. Es patente que solo las reservas estratégicas de los chinos pueden aliviar esta situación, pero al igual que les ocurre a los países del Golfo con la retención de sus exportaciones de potencial energía, y a los países industrializados de Asia Pacífico, todo tiene un límite y las operaciones militares no han terminado de cuajar ni dar resultados para una solución rotunda de la situación en Oriente Medio.
La presión interna en Estados Unidos, con una inédita subida del galón, algo insoportable para el ciudadano norteamericano, la subida de precios de los artículos de primera necesidad, la llegada, de nuevo, de la inflación también enemiga del orden económico y social, también en América del Norte , la espera de países como India, con restricciones de consumo a sus ciudadanos, la atención intranquila de sus socios, Corea del Sur, Japón, Tailandia, e incluso de Filipinas y Vietnam , ejercen también una presión exterior en cierto modo notable para una política atractiva de los Estados Unidos en el nuevo y principal escenario Indo Pacífico.
Sin embargo, no se ha percibido a Donald Trump en esta visita como la de un contrincante dominador, como suele aparecer en otras reuniones, vis a vis con mandatarios de cierto nivel; ante XI JINPING se ha visto un Trump empresario, peticionario, conciliador y conforme con lo que se le ofrecía, aunque no colmara sus aspiraciones (200 aviones BOEING en vez de 500, entre otras). Ha parecido más la visita como la de un acuerdo de convivencia forzada por las circunstancias, cuando ha sido advertido, firmemente de los peligros de una política diferente a la China en materia de soberanía sobre Taiwan, en vísperas de la ejecución de un acuerdo norteamericano de venta de armamento a la República escindida. También es posible que de nuevo se hayan referido al despliegue temporal de misiles Typhón, de corto y medio alcance, como lo hiciera en Filipinas, previsto en el Japón para significar la voluntad de defensa norteamericana del archipiélago contiguo.
Hay que admitir que también parece que las negociaciones de Irán con Estados Unidos, llevadas por un intermediario, aliado secular de China, Pakistán, tienen la posibilidad de ser culminadas con una acuerdo que habrá que analizar en profundidad, y que lógicamente favorece a China, no solo porque libera su energía retenida, sino porque el credo chino aplicable es la vuelta al orden internacional y la no proliferación nuclear iraní, si se dan estos supuestos en el futuro acuerdo, siempre incierto.
Es muy posible que ahí, en la cuestión de la proliferación nuclear de Irán, tanto Estados Unidos como China hayan estado al menos de acuerdo, dado que es un competidor relativamente cercano, con capacidades misilísticas «in crescendo» y con un régimen político tan vertical en decisiones (como el chino) y en alteración del statu quo, aspecto que puede haber dado pié a un posible tratamiento de la incorporación, en la temática del encuentro, de la posible adhesión de China a una reunión con Rusia para iniciar conversaciones sobre un nuevo Tratado START, una vez agotado el plazo de su última renovación, aspecto que repetidamente ha rechazado el Imperio; tampoco es exagerado lanzar la hipótesis de que el despliegue temporal de los Typhon en Japón sea un movimiento para recuperar el Tratado INF (limitación de los misiles nucleares de alcance intermedio), tan rechazado por China como por Rusia.
La visita del líder ruso a XI no ha tenido el boato de otras ocasiones, aunque el gran valedor de Putin sea el líder chino, y viceversa en materia de energía que en este periodo tanto necesita China; estos aspectos renuevan el compromiso mutuo de acelerar la construcción de un gasoducto/oleoducto de gran capacidad que una los centros de producción rusos con los de consumo asiáticos.
La intervención pacificadora de China sobre la Guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, a pesar de que fue de los primeros países, y más como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, en proponer un plan de paz, no despreciable por el contenido de alguno de sus 12 puntos, no tiene resultados decisivos sino que por los efectos parece que Putin potencia la agresión después de estos encuentros. Es patente que ambos pretenden que Estados Unidos se desgaste en conflictividades ajenas, a pesar de su doctrina MAGA, y parece que ambos aliados lo están consiguiendo.
Israel, otro de los grandes beneficiados del conflicto con Irán, “sigue a lo suyo”, en el enésimo ataque al sur del Líbano, sin que le afecte directamente el bloqueo de Ormuz ni apoye a los Estados Unidos de una manera determinante en su atasco estratégico con Irán, una vez que el desencadenamiento de las hostilidades con los persas haya introducido a los norteamericanos en este conflicto.
Tampoco parece que Netanyahu tenga una especial predilección en reunirse con XI habida cuenta de representar para los chinos uno de los principales transgresores del orden internacional, tan deseado para crecimiento exponencial del sistema económico de China, base de su estrategia global.
Europa, que paga todo lo que se consume militarmente en la Guerra de Ucrania (90%), y que no es capaz de producirlo y enriquece la industria militar norteamericana, pero que a su vez resta abastecimientos para la Fuerzas Armadas de Estados Unidos, permanece en un impase ya casi permanente, y su liderazgo estratégico ni siquiera es recibido por XI, aunque algunos lo intenten bilateralmente.
Ricardo Martínez Isidoro
General de División (Rdo)
Presidente de AEME

