Forjar un nuevo liderazgo para el mundo atlántico

El mundo atlántico, las naciones que comparten las fronteras del gran océano desde el alto norte hasta el océano Antártico, comparte intereses evidentes, pero carece de unidad. Lo que se necesita es liderazgo, y no tiene por qué provenir de ser una gran potencia o tener una gran armada. La fuerza motriz que puede unir el espacio atlántico e impulsar a esas naciones hacia una mayor libertad, seguridad y prosperidad son las ideas, y esas ideas pueden provenir de líderes del pensamiento en cualquier parte del mundo libre.

Lo viejo y lo nuevo

Cuando los vikingos se hicieron a la mar, la vasta extensión del Atlántico pasó de ser una barrera que dividía a los pueblos a una vía que los conecta. Como todas las grandes empresas humanas, esto condujo tanto al sufrimiento como a la bendición. El océano se convirtió en una vía de explotación trágica a una escala inimaginable. El mundo atlántico se vio envuelto en algunos de los mayores conflictos de la historia moderna. En cambio, desde la segunda mitad del siglo XX, el espacio atlántico ha sido un motor de crecimiento económico masivo y un fundamento de la seguridad transatlántica.

En la actualidad, este espacio comparte muchos retos: ambientales, económicos y sociales con el resto del mundo. Pero la mayor amenaza desestabilizadora actual es China. Pekín está socavando activamente la capacidad de los Estados nación para asegurar sus propios intereses y amenaza con convertirse en una presencia agresiva. Si se deja que China ponga en práctica todos sus designios sin impedimentos, la comunidad atlántica de África, América Latina y el sur de Europa podría convertirse en un espacio violento y disputado dentro de una década la comunidad atlántica.

Muchos gobiernos son reacios a participar en foros que se opongan explícitamente a las actividades de Pekín. Esto es comprensible. El régimen condena al ostracismo y castiga a los gobiernos que se oponen a su comportamiento malicioso y desestabilizador.

Sin embargo, la protección de los espacios libres y abiertos no es un proyecto explícitamente anti-chino. Se trata de que naciones afines demuestren la determinación de proteger sus intereses nacionales y exigir el respeto de las prácticas libres y abiertas. Al articular sus intereses comunes en foros públicos y formar redes transparentes para perseguir esos intereses, las naciones pueden establecer una vía legítima y responsable para la acción colectiva.

Dicho de otro modo, lo que se necesita es un foro atlántico libre y abierto, que sirva de complemento al foro indo-pacífico adoptado por las naciones afines para proteger sus intereses y la libertad de los mares en los océanos Pacífico e Índico. En Asia, el motor del liderazgo son las grandes democracias de la región: Australia, India, Japón y Estados Unidos. También son importantes potencias militares y económicas regionales. Sin embargo, ¿quién debe liderar en el espacio atlántico?

Foro de liderazgo atlántico

La competición en el espacio atlántico no se ha convertido todavía en una carrera armamentística, ni tiene por qué hacerlo. Además, la OTAN, responsable de salvaguardar el puente atlántico entre los Estados miembros, puede asumir las tareas de seguridad transatlántica más importantes. Por eso los líderes de un foro atlántico no tienen que ser necesariamente potencias militares importantes.

Y a diferencia del mundo del Pacífico, el mundo atlántico no es una comunidad económica integrada El valor de los lazos transatlánticos varía considerablemente entre las naciones que lo bordean. Sin embargo, lo que sí comparte el espacio es una serie de problemas y retos comunes que se abordan mejor con la acción conjunta de Estados afines.

No hace mucho tiempo, el Indo-Pacífico carecía de un marco u organización multinacional para abordar las necesidades comunes de forma integrada. Esta deficiencia se solucionó con la creación de la Quad (Australia, India, Japón y Estados Unidos), que se superpone a un marco anidado de relaciones bilaterales y trilaterales que también incluye a otros países, la «Quad plus».  Ese mismo marco podría servir al mundo atlántico, pero ¿quién lo lideraría?

Geopolítica del Espacio Atlántico

Lo que se necesita es un liderazgo de pensamiento integrado que comparta los valores y las aspiraciones del mundo libre, con la visión de abarcar desde el alto norte hasta la Antártida, de este a oeste.

Sería difícil empezar sin Estados Unidos y Canadá, pero esto es un reto más grande de lo que parece. En ambos países, los sucesivos regímenes, conservadores y liberales, han perdido de vista la cooperación en materia de seguridad. Este es un problema que hay que solucionar. Quizá abordar las sobrias responsabilidades de la estrategia atlántica podría ayudar a recuperar el tipo de acción conjunta necesaria.

Islandia también sería un miembro valioso del grupo, aportando tanto otra voz ártica como un país estratégico clave en el puente atlántico.

Gran Bretaña, ahora fuera de la Unión Europea, ha reafirmado su papel tradicional como nación transatlántica y sería una importante incorporación al grupo de liderazgo. Reino Unido también es importante porque, al igual que Estados Unidos, es miembro del Tratado Antártico. La Antártida es un espacio demasiado a menudo olvidado de la sospechosa y potencialmente preocupante actividad china.

Noruega, nación ártica y signataria del Tratado Antártico, sería otro valioso socio en el alto norte. Noruega también tiene un interés activo en los asuntos africanos.

Los otros socios europeos naturales son Portugal y España, y no sólo porque el sur de Europa sea un eje en el mundo atlántico, sino porque Lisboa y Madrid mantienen fuertes lazos tradicionales y comerciales en África y América Latina que los convierten en importantes líderes de pensamiento e influyentes en el sur global.

No puede haber un mundo atlántico sin Brasil, que es único entre las naciones de América Latina por conservar una fuerte identidad atlántica. En el pasado, Brasil se planteó promover una «identidad atlántica del sur» para proteger su medio ambiente y sus recursos regionales, como la pesca. La propuesta suscitó tanto preocupaciones como posibilidades. Sin embargo, tanto por razones prácticas como por sus vínculos históricos y tradicionales con Europa y África, Brasil es fundamentalmente una nación atlántica.

En África, no hay ninguna nación que represente adecuadamente la diversidad de intereses, capacidades e historia. Sin embargo, el concepto de una comunidad atlántica sin el liderazgo de pensamiento del continente es impensable. Marruecos y Namibia podrían ser candidatos con importantes perspectivas en una serie de cuestiones.

Construir asociaciones

A primera vista, parece improbable que naciones tan diversas se asocien. Tienen capacidades muy diferentes y cada una tiene sus propios intereses y problemas. Sin embargo, en conjunto reflejan bien la diversidad del mundo atlántico y las perspectivas de sus pueblos. Y lo que es más importante, tienen un compromiso compartido con las esperanzas de paz y prosperidad entre vecinos, socios y amigos. Además, al igual que la Quad en Asia, el foro atlántico podría actuar como un marco «plus», en el que participaran activamente naciones no centrales pero afines en cuestiones concretas, desde la defensa de los recursos pesqueros hasta las preocupaciones medioambientales y el conocimiento de la situación marítima.

Forjar relaciones de este tipo no sólo es posible, sino esencial. Este marco supera el «viejo pensamiento» de las esferas de influencia duras o de un mundo no alineado. El marco libre y abierto del Indo-Pacífico ha demostrado ser un instrumento nuevo, flexible y eficaz para una diplomacia nacional constructiva en el siglo XXI. La comunidad atlántica podría beneficiarse de este ejemplo y construir algo de igual valor.

Fte. The National Interest