Un poco de autocrítica sobre los contenidos terroristas en Internet

Imagen de la inauguración del taller sobre la retirada de contenidos terroristas de Internet que se desarrolla hasta hoy en el CETSE. (Foto: Miguel Berrocal / Ministerio del Interior).

El pasado jueves 23 de mayo, el ministro del Interior inauguró dos sesiones que se celebraron jueves y viernes en el CETSE (en Madrid), en las que 24 países de la UE compartieron conocimientos y experiencias para incrementar las órdenes de retirada de contenidos terroristas de Internet.

Y, después escuchar al ministro y al director del CITCO, me convencí aún más de que los periodistas debemos hacer autocrítica en relación con los contenidos terroristas que difundimos (o algunos lo hacen) en los medios.

Porque, con ese tipo de contenidos violentos que publicamos, nos convertimos en «multiplicadores involuntarios del terror«, como en su momento advirtió el periodista y profesor italiano Gaspare Barbiellini, editor del Corriere della Sera.

Al difundir contenidos terroristas, los periodistas nos convertimos en multiplicadores involuntarios del terror

Multiplicar el terror es lo que los terroristas pretenden. Por definición. Sólo hay que hacer una búsqueda del término ‘terrorismo’ en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

En las diferentes acepciones hay conceptos clave que demuestran que, cuando difundimos según qué imágenes y según que mensajes provenientes de los terroristas, estamos contribuyen a que logren sus objetivos.

Terrorismo, según el DRAE, es la «dominación por el terror», o una «sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror«; y también se define al terrorismo como «actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social«.

Por tanto, cada vez que nos hacemos eco de sus comunicados, de sus amenazas, de sus vídeos, de sus contenidos, en definitiva, estamos desempeñando el papel que ellos quieren que desempeñemos: que se extienda la alarma social para que nos sintamos vulnerables y que tengamos miedo. Y así nos «dominan por el terror».

Difusión de propaganda terrorista en los medios

Pero, además, cuando difundimos contenidos terroristas, aparte de violar (en muchos casos) derechos fundamentales de las víctimas (propia imagen, intimidad, etc.), los convertimos en esos héroes que ellos pretender ser (las víctimas son sus trofeos, no lo olvidemos) y contribuimos a que colectivos especialmente vulnerables a los que ellos se aproximan… puedan decidirse más fácilmente por unirse a su causa.

Es decir, que cuando publicamos una noticia en la que una organización terrorista amenaza con cometer un atentado en un país, durante un evento, en una región… no convertimos en altavoces de los terroristas.

Cuando publicamos una noticia de una amenaza de los terroristas nos convertimos en su altavoz

Un dato a modo de ejemplo: el Daesh (nunca Estado Islámico, porque no tiene esa legitimidad) ha llegado a editar y difundir más de 1.000 vídeos en sólo dos años.

Por lógica, si una organización terrorista difunde un vídeo, un comunicado, un contenido del tipo que sea… su finalidad es que llegue a la opinión pública. Su objetivo es que su propaganda (un término que conlleva la intención de influir) llegue a los ciudadanos.

Y los periodistas les hacemos el favor de que consigan ese objetivo. Hay que pararse a pensar, ¿no?

Vídeos con contenidos terroristas: efecto imitación

Si publicamos un vídeo en el que se ve cómo se cometió un atentado, cómo los terroristas prepararon los explosivos, etc. Si subimos a Internet un contenido audiovisual con el modus operandi de los terroristas… estamos ofreciendo un tutorial para aquellos terroristas en potencia que quieran imitar ese tipo de actuaciones criminales.

Sí, porque existen diferentes teorías (la del aprendizaje social de Bandura, por ejemplo) que demuestran que «el ser humano aprende nuevas conductas a partir de la observación de otros seres humanos, sobre todo a partir de modelos atractivos». Y entonces se produce el efecto imitación.

Hay otras teorías que demuestran que el abuso de contenidos violentos conlleva más probabilidad de generar conductas violentas. Y podría seguir con otras muchas.

Por tanto, y resumiendo, si encima somos los periodistas, que tenemos una responsabilidad social, los que no apoyamos los esfuerzos de Interior, del CITCO, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad… para retirar contenidos terroristas de Internet, ¿qué papel estamos desempeñando para luchar contra las organizaciones terroristas?

P.D. Por cierto, no hay terrorismo islámico ni islamista. Hay terrorismo yihadista, terrorismo salafista de carácter yihadista, etc. etc. Seamos serios con la terminología que empleamos para no criminalizar a todas las personas que profesan la religión islámica. Es sólo un consejo.

Acerca de María Angeles Moya 117 Articles
Dircom de APTIE - EL RADAR y profesora asociada de la UC3M. Licenciada en Periodismo y DEA en Derecho Constitucional. Más de 20 años dedicada al sector de Seguridad y Defensa, 15 de ellos en el Departamento de Comunicación del Ejército de Tierra.