El regreso de la guerra industrial

La guerra en Ucrania ha demostrado que la era de la guerra industrial todavía está aquí. El consumo masivo de equipos, vehículos y municiones requiere una base industrial a gran escala para el reabastecimiento: la cantidad sigue teniendo una calidad en si misma. El combate a gran escala ha enfrentado a 250.000 soldados ucranianos, junto con 450.000 soldados ciudadanos recientemente movilizados, contra unos 200.000 soldados rusos y separatistas. El esfuerzo por armar, alimentar y abastecer a estos ejércitos es una tarea monumental. El reabastecimiento de municiones es particularmente oneroso. Para Ucrania, esta tarea se ve agravada por la capacidad de fuego profundo de Rusia, que tiene como objetivo la industria militar ucraniana y las redes de transporte en toda la profundidad del país. El Ejército ruso también ha sufrido ataques transfronterizos y actos de sabotaje ucranianos, pero de menor entidad. El ritmo de consumo de municiones y equipos en Ucrania sólo puede sostenerse con una base industrial a gran escala.

Esta realidad debería ser una advertencia concreta para los países occidentales, que han reducido la capacidad industrial militar y han sacrificado la escala y la eficacia por la eficiencia. Esta estrategia se basa en suposiciones erróneas sobre el futuro de la guerra, y se ha visto influida tanto por la cultura burocrática de los gobiernos occidentales como por el legado de los conflictos de baja intensidad. En la actualidad, es posible que Occidente no tenga la capacidad industrial para librar una guerra a gran escala. Si el gobierno de EE.UU. está planeando volver a ser el arsenal de la democracia, tendrá que reexaminar las capacidades actuales de su base militar-industrial y los supuestos básicos que han impulsado su desarrollo.

Estimación del consumo de munición

No se dispone de datos exactos sobre el consumo de munición en el conflicto entre Rusia y Ucrania. Ninguno de los dos gobiernos publica datos, pero se puede calcular una estimación del ruso con los datos oficiales de las misiones de fuego facilitados por el Ministerio de Defensa ruso durante su sesión informativa diaria.

Número de misiones de fuego diarias de Rusia, 19-31 de mayo

Aunque estas cifras mezclan cohetes tácticos con artillería convencional, no es descabellado suponer que un tercio de estas misiones fueran llevadas a cabo con cohetes, ya que forman un tercio de la artillería de una brigada de infantería, siendo los otros dos tercios de tubo. Esto sugiere 390 misiones diarias disparadas por la artillería tradicional. Cada uno de estos últimos ataques lo llevan a cabo una batería de seis obuses en total.

Sin embargo, es probable que las averías en combate y de mantenimiento reduzcan este número a cuatro. Con cuatro obuses por batería y cuatro disparos por obús, la artillería tradicional dispara unos 6.240 proyectiles diarios. Podemos estimar un 15% adicional, el desperdicio que produce al descargar proyectiles en el suelo, y que se abandonaron cuando la batería se desplaza a toda prisa, los proyectiles destruidos por los ataques ucranianos a los depósitos de munición, o los disparados pero no comunicados a los niveles superiores de mando. Esta cifra asciende a 7.176 proyectiles de artillería al día. Hay que tener en cuenta que el Ministerio de Defensa ruso sólo informa de las misiones de fuego de las fuerzas de la Federación Rusa. No se incluyen las formaciones de las repúblicas separatistas de Donetsk y Luhansk, que se tratan como países diferentes. Las cifras no son perfectas, pero incluso si están equivocadas en un 50%, esto no cambia el desafío logístico general.

La capacidad de la base industrial de Occidente

El ganador de una guerra prolongada entre dos potencias casi iguales sigue basándose en qué bando tiene la base industrial más fuerte. Un país debe tener la capacidad de fabricación para construir cantidades masivas de munición o tener otras industrias manufactureras que puedan convertirse rápidamente en productoras de munición. Desgraciadamente, Occidente ya no parece tener ninguna de las dos cosas.

En la actualidad, EE.UU. está reduciendo sus reservas de munición de artillería. En 2020, las compras se redujeron en un 36%, hasta los 425 millones de dólares. En 2022, el plan es reducir el gasto en proyectiles de artillería de 155 mm a 174 millones de dólares. Esto equivale a 75.357 proyectiles M795 básicos «tontos» para la artillería regular, 1.400 proyectiles XM1113 para el M777 y 1.046 proyectiles XM1113 para los Extended Round Artillery Cannons.  Por último, hay 75 millones de dólares dedicados a las municiones guiadas de precisión Excalibur, que cuestan 176.000 dólares por proyectil, lo que supone un total de 426 proyectiles. En resumen, la producción anual de artillería de EE.UU. sólo duraría, en el mejor de los casos, entre 10 días y dos semanas de combate en Ucrania. Si la estimación inicial de proyectiles rusos disparados se sobrepasa en un 50%, la artillería suministrada sólo duraría tres semanas.

Estados Unidos no es el único país que se enfrenta a este reto. En un reciente juego de guerra en el que participaron fuerzas estadounidenses, británicas y francesas, las fuerzas británicas agotaron las reservas nacionales de munición crítica al cabo de ocho días.

Desgraciadamente, no es sólo el caso de la artillería. Los misiles contracarro Javelin y los Stingers de defensa aérea están en el mismo barco. EE.UU. envió 7.000 misiles Javelin a Ucrania, aproximadamente un tercio de sus existencias, y se esperan más envíos. Lockheed Martin produce unos 2.100 misiles al año, aunque esta cifra podría aumentar a 4.000 en unos años. Ucrania afirma que consume misiles Javelin cada día.

El gasto en misiles de crucero y misiles balísticos de teatro de operaciones es igualmente masivo. Los rusos han disparado entre 1.100 y 2.100 misiles. Estados Unidos compra actualmente 110 misiles PRISM, 500 JASSM y 60 misiles de crucero Tomahawk al año, lo que significa que, en tres meses de combate, Rusia ha quemado cuatro veces la producción anual de misiles de Estados Unidos. El ritmo de producción ruso solo puede estimarse. Rusia comenzó la producción de misiles en 2015 en lotes iniciales limitados, e incluso en 2016 los de producción se estimaron en 47 misiles. Esto significa que sólo tuvo entre cinco y seis años de producción a gran escala.

Si la competencia entre autocracias y democracias ha entrado realmente en una fase militar, el arsenal de la democracia debe mejorar radicalmente su enfoque de la producción de material en tiempo de guerra

Se desconoce el arsenal inicial en febrero de 2022, pero teniendo en cuenta los gastos y la necesidad de retener importantes reservas en caso de guerra con la OTAN, es poco probable que los rusos estén preocupados. De hecho, parece que tienen suficiente para gastar misiles de crucero de nivel operativo en objetivos tácticos. La suposición de que hay 4.000 misiles de crucero y balísticos en el inventario ruso no es descabellada. Esta producción probablemente aumentará a pesar de las sanciones occidentales. En abril, ODK Saturn, que fabrica motores para misiles Kalibr, anunció la creación de 500 puestos de trabajo adicionales. Esto sugiere que incluso en este campo, Occidente sólo tiene paridad con Rusia.

Supuestos erróneos

La primera suposición clave sobre el futuro del combate es que las armas guiadas de precisión reducirán el consumo total de munición al requerir sólo un único disparo para destruir el objetivo. La guerra de Ucrania está poniendo en tela de juicio esta suposición. Muchos sistemas de fuego indirecto «tontos» están logrando gran precisión sin guiado de precisión, y aun así el consumo global de munición es enorme. Parte de la cuestión es que la digitalización de los mapas globales, combinada con una proliferación masiva de drones, permite la geolocalización y el apuntamiento con mayor precisión, con pruebas de vídeo que demuestran la capacidad de conseguir primeros impactos mediante fuego indirecto.

El segundo supuesto crucial es que la industria puede activarse y desactivarse a voluntad. Este modo de pensar fue importado del sector empresarial y se ha extendido por la cultura gubernamental estadounidense. En el sector civil, los clientes pueden aumentar o disminuir sus pedidos. El productor puede verse perjudicado por una caída de los pedidos, pero rara vez esa caída es catastrófica porque normalmente hay múltiples consumidores y las pérdidas pueden repartirse entre ellos.

Por desgracia, esto no funciona en el caso de las compras militares. En Estados Unidos sólo hay un cliente de proyectiles de artillería: el Ejército. Una vez que los pedidos caen, el fabricante debe cerrar las líneas de producción para recortar costes y seguir en el negocio. Las pequeñas empresas pueden tener que cerrar por completo. Generar nueva capacidad es muy difícil, sobre todo conseguir trabajadores cualificados. Esto es especialmente así, porque muchos de los sistemas de producción de armamento más antiguos requieren gran cantidad de mano de obra, hasta el punto de que prácticamente se construyen a mano, y se necesita mucho tiempo para formarla. Las cuestiones de la cadena de suministro también son problemáticas porque los subcomponentes pueden ser producidos por un subcontratista que, o bien cierra el negocio, con pérdida de pedidos o reequipamiento para otros clientes, o bien depende de piezas procedentes del extranjero, posiblemente de un país hostil.

El casi monopolio de China sobre los materiales de tierras raras es un desafío obvio en este caso. La producción de misiles Stinger no se llevará a cabo hasta 2026, en parte debido a la escasez de componentes. Los informes estadounidenses sobre la base industrial de la defensa han dejado claro que el aumento de la producción en tiempos de guerra puede ser difícil, si no imposible, debido a los problemas de la cadena de suministro y a la falta de personal capacitado debido a la degradación de la base de fabricación estadounidense.

Por último, hay una suposición sobre las tasas de consumo global de munición. El gobierno estadounidense siempre ha rebajado esta cifra. Desde la época de Vietnam hasta hoy, las fábricas de armas pequeñas se han reducido de cinco a sólo una. Esto fue evidente en el momento álgido de la guerra de Irak, cuando Estados Unidos empezó a quedarse sin munición para armas ligeras, lo que le llevó a comprar munición británica e israelí durante la fase inicial de la guerra.

En un momento dado, EE.UU. tuvo que echar mano de las reservas de munición del calibre 50 de Vietnam e incluso de las de la Segunda Guerra Mundial para alimentar el esfuerzo bélico. Esto fue en gran parte el resultado de suposiciones incorrectas sobre la eficacia de las tropas estadounidenses. De hecho, la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estimó que se necesitaban 250.000 cartuchos para matar a un insurgente. Por suerte para EE.UU., su cultura de las armas aseguró que la industria de las municiones para armas lieras tiene un componente civil en EE.UU. No es el caso de otros tipos de munición, como se ha demostrado antes con los misiles Javelin y Stinger. Sin acceso a la metodología de cálculo del gobierno, es imposible entender por qué sus estimaciones eran erróneas, pero existe el riesgo de que se cometan los mismos errores con otros tipos de municiones.

Conclusión

La guerra en Ucrania demuestra que las contiendas entre adversarios iguales o casi iguales exige la existencia de una capacidad de producción técnicamente avanzada, a escala masiva y de la era industrial. La embestida rusa consume munición a un ritmo que supera masivamente las previsiones y la producción de munición de EEUU y, para que este país actúe como el arsenal de la democracia en defensa de Ucrania, debe haber una revisión importante de la forma y la escala en que EEUU organiza su base industrial.

Esta situación es especialmente crítica porque detrás de la invasión rusa se encuentra la capital manufacturera del mundo: China. Mientras EE.UU. comienza a gastar cada vez más sus arsenales para mantener a Ucrania en la guerra, China aún no ha proporcionado ninguna ayuda militar significativa a Rusia. Occidente debe asumir que China no permitirá que Rusia sea derrotada, especialmente por falta de municiones.

Si la competencia entre autocracias y democracias ha entrado realmente en una fase militar, el arsenal de la democracia debe mejorar radicalmente su enfoque de la producción de material en tiempos de guerra.

Las opiniones expresadas en este Comentario son las del autor y no representan las de RUSI ni las de ninguna otra institución.

Fte. RUSI