El caso Huawei pone en el punto de mira la industria europea del automóvil

Cuando parecía que la firma de la Fase Uno (Phase One) del acuerdo comercial entre los Estados Unidos y China, traería un periodo de tranquilidad tras dos años de incertidumbre provocados por la guerra comercial desatada desde la Casa Blanca contra China, desde Washington se lanza una nueva ofensiva contra Europa por el caso Huawei.

A pesar de que la industria de telecomunicaciones europea (Ericsson y Nokia) puede ser la gran beneficiada de la expulsión del gigante chino de los mercados, Europa no cede a las presiones norteamericanas que buscan expulsar del mercado europeo a Huawei.

La negativa del viejo continente puede servir de pretexto a Donald Trump para hacer realidad una amenaza, puesta encima de la mesa en más de una ocasión, que puede ser una jugada clave para asegurar el voto obrero en las elecciones que se celebrarán a final de año.

Los aranceles a los automóviles europeos están presente en las cada día más difíciles relaciones entre Europa y los EE.UU. Pero desde que esta amenaza se advirtiera por primera vez mucho ha cambiado en el sector del automóvil que se asoma a una crisis a la que algunos apuntan como señal de alerta de una nueva recesión económica mundial.

El sector del automóvil se asoma al abismo

La industria del automóvil se asoma al abismo con la publicación por parte de la CAAM (Asociación China de Fabricantes de Automóviles) de los datos de ventas de vehículos en el país asiático durante el mes de enero que cierra con una caída del 20%, respecto al año anterior, tras venderse únicamente 1.94 millones de automóviles.

Las previsiones para el mes de febrero apuntan a un desplome aún mayor de entre un 50% y el 80% del mercado más apetecible a nivel mundial, donde todas los grandes fabricantes mundiales están presentes y del que obtienen sus mejores márgenes empresariales.

Los malos resultados del mercado chino se unen al desplome del gigante nipón Nissan que estas semanas presentaba unos resultados que arrojaban las primeras pérdidas en los últimos diez años arrastrando consigo a toda la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi. Los vientos del este se unen a las borrascas e incertidumbres que reinan en Europa sobre el esencial sector del automóvil, una de las almas del crecimiento europeo y de la competitividad del viejo continente en el mundo.

Pero desde el otro lado del Atlántico las noticias tampoco invitan al optimismo, máxime cuando en el último trimestre de 2019 la tasa de impagos de créditos para la compra de vehículos con una morosidad igual o superior a 90 días ha crecido en un 15.5%, alcanzando un máximo histórico de 66 mil millones de dólares. Estos datos dan alas a quienes apuestan por la llegada de una gran crisis económica.

Mientras, la sobreoferta estructural del sector del automóvil a nivel global puede llevar a una guerra de precios. En un año electoral en los Estados Unidos donde el inquilino de la casa Blanca buscará la reelección la guerra de aranceles, esta vez sobre Europa, parece ser un arma efectiva a la hora de defender un sector industrial altamente intensivo en mano de obra, donde recolectar votos a costa de los puestos de trabajo de la industria europea del automóvil que vería sus precios dispararse en el mercado americano, en plena guerra por colocar a cualquier precio el exceso de producción mundial.

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