El cajón de arena de la simulación puede acelerar el desarrollo de vehículos militares no tripulados

Cuando se le preguntó por el futuro de los vehículos sin conductor, el presidente de Toyota Motors, Akio Toyoda, dijo: «La autonomía total sólo estará libre de accidentes al 100% si se prueban un mínimo de 14.200 millones de kilómetros, lo que, en términos prácticos, llevaría décadas de conducción en el mundo real».

La velocidad de la innovación no puede permitirse esperar décadas, por lo que los desarrolladores de vehículos autónomos recurren a simulaciones para probar y mejorar sus sistemas. Las simulaciones basadas en la IA acortan este periodo de pruebas al ejecutar miles de escenarios diferentes simultáneamente. Estas simulaciones también mejoran la seguridad de las pruebas y ponen de manifiesto los problemas antes de que se produzcan en una calle real.

Las organizaciones militares siguen el mismo proceso para probar tanques autónomos o vehículos terrestres no tripulados (UGV). El adiestramiento simulado es primordial en los ejércitos, ya que los UGV se enfrentan a amenazas mucho más complejas que los típicos vehículos, y el coste de los errores suele ser mucho mayor.

Los desarrolladores se valen de simulaciones por ordenador para probar escenarios -incluidos los retos medioambientales y éticos- imposibles de reproducir en la vida real.

Desafíos medioambientales

Los vehículos sin conductor consumo civiles tienen la ventaja de anticiparse, en su mayor parte, a las normas y condiciones de tráfico habituales. En cambio, los vehículos militares no tienen las mismas reglas. Los ingenieros deben tener en cuenta la planificación de la ruta fuera de la carretera a través de innumerables retos y obstáculos del terreno. Además, los vehículos terrestres no tripulados deben anticiparse y estar programados para hacer frente a situaciones adversas, como el fuego enemigo, y a amenazas de guerra electrónica, como la interferencia del GPS, que podría poner en peligro los protocolos preestablecidos.

Desde el punto de vista del desarrollador, el primer paso para realizar pruebas eficaces es comprender al enemigo. Los juegos de ordenador permiten a los vehículos terrestres no tripulados practicar en campos de batalla virtuales contra un enemigo casi idéntico a la IA desde cualquier lugar de la Tierra.

Los usuarios pueden experimentar con la logística y el alcance para diferentes entornos de terreno y diversas fuerzas enemigas. La figura muestra la interfaz de mando y control de los UGV de VBS4, el software de espacio de batalla virtual (VBS) de BISim. El panel de control permite a los usuarios comparar y contrastar el éxito de las distintas iteraciones de diseño, al tiempo que demuestra rápidamente cómo los ajustes afectan a factores como la velocidad, las contramedidas y la defensa del vehículo.

Los desarrolladores ajustan la logística, como el blindaje óptimo, el armamento y los protocolos de operación, para determinar cómo afecta cada personalización a los resultados contra los enemigos simulados. Realizar estos ajustes en las pruebas del mundo real sería costoso y minuciosamente tedioso. Pero en la planificación de escenarios de combate, la decisión es un componente esencial del éxito.

Desafíos éticos

Las cuestiones éticas relacionadas con las fuerzas autónomas que participan en la guerra requieren el mismo nivel de consideración que los factores físicos. La primera decisión programática para cualquier vehículo autónomo comienza con el punto de mando. Al fin y al cabo, podemos hablar de «autonomía», pero no existe ningún vehículo verdaderamente autónomo, ya que un ser humano sigue dirigiendo las acciones del vehículo.

La realidad del control humano plantea muchas cuestiones éticas en relación con los escenarios bélicos: Si un vehículo no tripulado decide entrar en combate y mata por su cuenta, ¿quién debe ser considerado responsable: el oficial que inició el ataque o el ingeniero que programó el protocolo? Un incidente de este tipo en el que participó un dron autónomo planteó exactamente estas cuestiones el año pasado. ¿Quién es el responsable de un vehículo si su oficial al mando queda incapacitado? ¿Y si se desvía o el enemigo lo secuestra?

Los entornos simulados permiten experimentar y encontrar respuestas a estas preguntas sin los riesgos asociados a los vehículos basados en IA -y el personal que los maneja- en escenarios reales. Las reglas de enfrentamiento, el establecimiento de prioridades en el campo de batalla y la colaboración entre los equipos humano-máquina requieren un examen minucioso. Si los coches civiles sin conductor necesitan 8.000 millones de kilómetros de pruebas, los miitares, con todas sus complejidades, necesitan experimentación y pruebas exponencialmente mayores. Los avances en los juegos de ordenador y las simulaciones seguirán ofreciendo una opción eficaz y segura para seguir desarrollándose y perfeccionándose.

Fte. C4ISRNET (Claudio Taraschi)

Claudio Taraschi es desarrollador de negocios en BISim. Supervisa los planes y las estrategias de país para mantener las ventas directas e indirectas, la evaluación de los proyectos, el conocimiento del flujo de caja y las actividades de marketing de la empresa en Italia, los PECO y Grecia. BISim, especializada en simulaciones de entrenamiento de alta fidelidad para el Ejército, fue adquirida por BAE Systems este año.