¿Podría Estados Unidos repeler con éxito la invasión de Taiwan por China?

TaiwanPocos líderes del “establishment Washington” se han tomado el tiempo necesario para llevar a cabo un análisis exhaustivo, acerca de la capacidad de las Fuerzas Armadas de EE.UU. y del Ejército Popular de Liberación de China.

Durante mucho tiempo ha habido un acalorado debate sobre si EE.UU. debe defender a Taiwán en el caso de una invasión china, pero se ha prestado poca atención a si puede hacerlo con éxito. Una evaluación objetiva de la capacidad militar de China y de EE.UU. revela que las probabilidades de que las fuerzas estadounidenses sean derrotadas en una guerra con China por Taiwán son incómodamente altas. Lo que es peor, incluso lograr una victoria táctica podría resultar en una pérdida estratégica devastadora. Eso no quiere decir, sin embargo, que no haya estrategias alternativas para preservar eficazmente los intereses de EE.UU. a un precio asequible.

En lugar de ello, los responsables de la toma de decisiones americanos se dedican habitualmente a hacer declaraciones retóricas, aparentemente gratuitas, sobre las preferencias políticas de EE.UU. sin contexto. Los encargados de la formulación de políticas han argumentado durante mucho tiempo que deben abandonar la idea de la “ambigüedad estratégica” que ha puesto de relieve décadas de la política de América con respecto a Asia, y declarar abiertamente que defenderían militarmente a Taiwán en caso de un ataque.

El ex funcionario del Pentágono Joseph Bosco reflejó el deseo de muchos este verano, cuando argumentó que el Congreso debería aprobar la Ley de Defensa de Taiwán porque “llevaría a la política de EE.UU. a un paso de un compromiso de defensa abierto con Taiwán”.

Si se convierte en ley, la ley obligaría al gobierno a “retrasar, degradar y, en última instancia, derrotar un intento de la República Popular China de recurrir a la fuerza militar para hacerse con el control de Taiwán”. Sería útil detenerse a considerar lo que esas palabras confiadas significarían en términos prácticos en tierra, mar y bajo los cielos de la región de Asia y el Pacífico. No lleva mucho tiempo darse cuenta de que sería malo para EE.UU.

Todo acto o tratado que se suscriba debería tener como resultado inequívoco una América más segura, que preserve (o amplíe) la capacidad del país para prosperar. Evidentemente, no redunda en interés de ese país atarse a otro Estado o entidad, si tenemos que absorber todos los riesgos y costes, mientras la otra parte recoge la mayoría de los beneficios. Extender una garantía de seguridad a Taiwán falla en el primer requisito y cumple a la perfección con el segundo.

Los recientes juegos de guerra llevados a cabo conjuntamente por el Pentágono y la Corporación RAND han demostrado que, un enfrentamiento militar entre EE.UU. y China, especialmente por la cuestión de Taiwán, probablemente resultaría en una derrota de EE.UU.. En los juegos de guerra simulados entre EE.UU. y China, el analista de RAND, David Ochmanek, dijo sin rodeos que a EE.UU. “le dieron por el culo”.

Si China decidiera apoderarse de Taiwán, explicó Ochmanek, podría lograr su objetivo “en un período de tiempo finito, cuestión de días o semanas”. La razón, dijo, es porque que, “únicamente atacarían las bases aéreas de la región”. Atacarían portaaviones en el mar.… nuestros sensores en el espacio y nuestros enlaces de comunicaciones que en gran parte atraviesan el espacio”.

Tal vez los juegos de guerra subestimen la capacidad de Estados Unidos para contraatacar o sobreestimen la de China para realizar las operaciones. Tal vez América pudiera eventualmente repeler el asalto de China a Taiwán. Tal “victoria”, sin embargo, tendría un precio asombrosamente alto para el país.

Además del coste en términos de vidas perdidas, barcos hundidos y aviones derribados, EE.UU. tendría entonces la nada envidiable obligación de construir una presencia militar masiva en Taiwán y construir bases en toda la región para asegurar el país y evitar el próximo intento chino de retomarlo, además de gastar cientos de miles de millones de dólares en el mantenimiento perpetuo de esas defensas y estar constantemente en riesgo de un nuevo ataque.

La geografía también sería un problema. Taiwán está aproximadamente a la misma distancia del continente chino que Cuba desde la punta de Florida; son casi seis mil millas náuticas desde Taiwán hasta el continente americano. En un momento en que los presupuestos de defensa están causando tensión debido a los efectos económicos del coronavirus, paralizaría a América si su presupuesto de defensa explotara para cubrir una guerra con China. En resumen, perder una guerra con China sería catastrófico mientras que “ganarla” sobre Taiwán llevaría a América a la bancarrota. Claramente, Washington necesita una alternativa mejor para competir con Pekín. Afortunadamente, la hay.

La mejor manera de ayudar a Taiwán y disuadir a China de usar la fuerza es alentar a todos los países amigos de la región de Asia-Pacífico, y no sólo a Taiwán, a que se comprometan a aumentar su propia capacidad de autodefensa. Es conocido que China ha endurecido sus defensas contra EE.UU. por medio de la “anti-access area-denial” (A2/AD), que impondría un severo costeo a EE.UU. ante cualquier ataque contra su territorio. Taiwán debería hacer lo mismo.

Taipei debería seguir reforzando sus defensas mediante una estrategia propia de A2/AD para que el costo de la unificación forzosa por parte de China fuera importante y no se garantizara el éxito final, de modo que los dirigentes del Partido Comunista en Beijing no se expusieran a una posible pérdida. Incluso eso, hay que admitirlo, no sería garantía de que China nunca atacara a Taiwán. Pero para la política americana, no tiene sentido arriesgarse a una derrota militar o a la ruina financiera cuando nuestros intereses no están directamente amenazados.

Fte. The national Interest (Daniel L. Davis)

Daniel L. Davis es miembro de alto nivel de Prioridades de Defensa y ex teniente coronel del Ejército de los Estados Unidos que se retiró en 2015 después de veintiún años, incluyendo cuatro despliegues de combate.

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