
La referencia a la guerra de Irak del 2003/4 viene de nuevo a socorrer el relato interno institucional del Gobierno, mediante un eslogan que vino a separar, en su día, a la población de su Ejército y a lo que allí sucedió, de la verdad.
El Ejército español en la «Operación Libertad para Irak» no participó en ninguna guerra, y sin embargo la izquierda, oposición política en ese momento, lo usó profundamente contra el Gobierno de entonces, que mostró su solidaridad como aliado de los Estados Unidos, junto con cerca de 40 países que formaron la coalición para la «Reconstrucción de Irak».
España políticamente se alineó con Estados Unidos, como se esgrime en la famosa foto de las Azores, en las que también está el entonces Primer Ministro de Portugal, el socialista Durao Barroso, más tarde Presidente de la Comisión Europea, con el que en ningún caso ha litigado la izquierda española; es necesario apuntar que este impulso político, que ahora se niega a Trump para las operaciones contra Irán, tenía sus contrapartidas de inteligencia norteamericana en la lucha contra ETA, que todavía asolaba puntualmente nuestras instituciones, como con el atentado al propio Presidente del Gobierno de entonces.
Acabada la guerra de Irak, en la que participó Estados Unidos, Gran Bretaña, y un reducido dispositivo de Polonia, país candidato entonces a la OTAN, Naciones Unidas a través de su Consejo de Seguridad solicitó y recomendó a las naciones la concurrencia en Irak para garantizar su seguridad y reconstrucción, a través de 3 Resoluciones, iniciativa a la que se adhirió España con un despliegue militar integrado con Polonia y Ucrania, en el Centro Sur del país, con una Fuerza de nivel Brigada de unos efectivos de personal de 1300 soldados, que integraba 4 Batallones centro americanos (Nicaragua, República Dominicana, El Salvador y Honduras) además de elementos de inteligencia de apoyo pertenecientes al CNI; finalmente a nivel División Multinacional, en Babilonia, contribuyó con un General de División, Segundo Jefe de la División, y un Estado Mayor de 35 Oficiales, más apoyos.
Pero España, en esa misión de reconstrucción no estaba sola, había cerca de 40 países que integraban la Coalición; entre los europeos, estaba Italia, Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Noruega, Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, etc. No participaron Francia y Alemania, países con los que Sadam Hussein tenía enormes deudas impagadas (El Comisionado español para la Reconstrucción de la época las estimó en 10000 millones de dólares), ni Rusia, por razones obvias.
Pero sí estuvieron Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Tailandia, Japón, y un gran etc. España amparada por las citadas resoluciones realizó tres rotaciones de Brigada hasta que el entonces Presidente del Gobierno español Rodríguez Zapatero ordenó el repliegue, con gran disgusto de los aliados, especialmente del dispositivo militar norteamericano que tuvo que hacerse cargo de las misiones españolas, no obstante Estados Unidos protegió el repliegue español que, a través de más de 600 kilómetros, realizó esta maniobra sin ninguna pérdida ni incidente. Más tarde, el entonces el citado Presidente Rodríguez Zapatero exhortó, en declaración pública a los países de la Coalición, al abandono de la misma.
Las órdenes de operaciones españolas para la Operación en Irak se referían exclusivamente a la reconstrucción y su Fuerza carecía de armamento ofensivo.
Como consecuencia de la campaña que en España se realizaba contra la supuesta participación en una guerra, llevada a cabo con gran virulencia por la izquierda española, se creó un clima nacional e internacional del mismo signo que no rendía servicio precisamente a la cohesión de la población con su Ejército expedicionario.
Paralelamente, la posibilidad de que un acontecimiento interior, muy significativo, pudiera tener lugar, aprovechando ese sentimiento de parte de la población, que tuviera consecuencias electorales en la proximidad de unas Elecciones Generales, se produjo, y el Gobierno conservador fue sustituido por otro afín a los que animaban con el eslogan de “No a la Guerra”.
Tanto en la definición de Seguridad Nacional que contiene la ley del mismo nombre, como en la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, se puede reseñar la importancia de la defensa colectiva, la solidaridad con los aliados en el marco de las organizaciones de las que España forma parte, así como la contribución de la Fuerzas Armadas al mantenimiento de la paz, la estabilidad y la ayuda humanitaria.
Si bien estas cuestiones de utilización de las bases españolas tienen su propia legislación, al ser un tema bilateral, no cabe la menor duda que las operaciones militares actuales se efectúan en una zona gris donde las reglas han sido relegadas y el derecho internacional no es asegurado por las Naciones Unidas que viven uno de los momentos más mortecinos de su historia, por otra parte, anulada por el veto de los socios permanentes del Consejo de Seguridad.
La situación española en el estrecho de Gibraltar y Canarias, con una gran influencia de un Marruecos creciente, apoyado por Estados Unidos e Israel, no precisaba precisamente un alejamiento de Estados Unidos, que hay que recordar que con la tradicional buena amistad entre ambos estados, ha tenido que ver en algún momento crítico en el arreglo de nuestros diferendos; en un caso similar, probable, ¿a quién recurriremos?
Vivimos en un tiempo de revolución estratégica, basado ya en zonas de influencia apoyadas por la fuerza militar; la ya muy conocida aseveración de que la guerra es la continuación de la política por otros medios ha dado lugar a una política en la que la fuerza se esgrime en primer lugar y deja poco espacio a otras alternativas, como la diplomacia ausente desde hace tiempo.
Tampoco parece medido que un asunto que podría tener una componente de amistad y diplomacia, como son las relaciones con los Estados Unidos, se convierta en una cuestión de política interior.
Ricardo Martínez Isidoro
General de División Rdo.
Segundo Jefe de la División Multinacional IRAK 2003/4
