Cuatro medidas que Biden debería adoptar para restablecer la agenda nuclear

Si bien el peligro de las armas nucleares rara vez se ha mencionado en la campaña presidencial, los enfoques de la política sobre armas nucleares de los dos candidatos contrastaban mucho. Al final, el público estadounidense rechazó a un presidente, que amenazó de manera descarada y abierta con una guerra nuclear, y que se refirió repetidamente a la fuerza más destructiva jamás creada por la humanidad como “lo nuclear”, por un candidato que está de acuerdo con la afirmación del ex Presidente Ronald Reagan de que nunca se puede ganar una guerra nuclear y que, por lo tanto, nunca debe librarse.

Al elegir al presidente Joe Biden, el país puede estar seguro de que Estados Unidos volverá a buscar un papel de liderazgo en los esfuerzos mundiales para reducir el riesgo nuclear. Entendiendo que cada uno de los desafíos nucleares que enfrenta Estados Unidos ha crecido desde 2016, la plataforma demócrata de 2020 estableció una ambiciosa agenda para enfrentar esta realidad.

Biden también esbozó sus prioridades para el control de armas y la no proliferación en su artículo en Foreign Affairs y en el de Council for a Livable World. Es alentador ver que ya se ha establecido un marco general, ya que no habrá un momento que perder al entrar en funciones.

Estos son las cuatro medidas que Biden debería adoptar para reajustar la agenda nuclear:

Detener la hemorragia:

Para empezar, Biden debe lidiar con las crisis inmediatas dejadas por la Administración Trump. Eso incluye la extensión del pacto nuclear New START, que expira el 5 de febrero de 2021. Se trata del tratado entre EEUU y Rusia, que juntas poseen más del 90 por ciento del arsenal nuclear mundial, que debe ser prorrogado por los cinco años completos permitidos por los términos del Acuerdo. Esto proporcionaría la máxima cantidad de tiempo para crear nuevas y ampliadas estructuras para controlar y reducir todos los tipos de ojivas nucleares y sistemas vectores, y daría tiempo para atraer a países como China a discusiones serias de política nuclear.

La administración entrante también debe resolver el lío causado por el enfoque errático e inconsistente del Presidente Donald Trump sobre la no-proliferación. Eso significa evaluar el daño diplomático y luego trabajar hacia negociaciones creíbles y sustanciales tanto con Irán como con Corea del Norte. El presidente electo también debe revisar rápidamente cómo las decisiones de política nuclear interna de la Administración Trump han afectado negativamente a las posibles iniciativas para reducir los riesgos nucleares y abordar cualquier problema potencial de inmediato.

Construir un equipo fuerte y diverso:

Los nombramientos políticos comprometidos con la visión del presidente pueden ayudar a impulsar nuevas iniciativas, pero el verdadero objetivo debe ser fortalecer y diversificar el grupo de funcionarios públicos centrados en estos temas. Muchos de los expertos que ayudaron a negociar e implementar los acuerdos y tratados de la era moderna de control de armas se han retirado o lo harán pronto.

La nueva Administración tendrá que buscar el incremento del reclutamiento, incorporando expertos en políticas con diversos bagages, así como técnicos que puedan ayudar a sortear la forma en que las tecnologías emergentes afectarán a la estabilidad estratégica. Se debe alentar a los expertos de todo el Gobierno a ser creativos y a desafiar el statu quo. Aunque este esfuerzo probablemente requeriría coordinación con el Congreso, vale la pena el tiempo y el capital político.

Comenzar a hablar… y a escuchar:

Con un equipo capaz en su lugar, la Administración Biden debería empezar a dejar claros sus objetivos de control de armas y no proliferación al público americano, aliados, adversarios e incluso potenciales socios negociadores. La honestidad radical es el mejor remedio para un mundo plagado de desinformación.

La Administración entrante también tendrá que escuchar. Algunos aliados tendrán quejas después de cuatro años de hostilidad emanada de la Casa Blanca. Otros se preocuparán por los posibles cambios en la postura de EE.UU. o el desmoronamiento del régimen de no proliferación. Y ya es hora de que Estados Unidos comience a comprometerse realmente con nuestros adversarios en asuntos de larga data, relacionados con las defensas de misiles, las fuerzas convencionales y otros temas que Washington ha sido reacio a discutir desde hace mucho tiempo.

Ignorar a los cínicos:

Biden asumirá el cargo con décadas de experiencia en la reducción del riesgo nuclear y sin duda se rodeará de un equipo que aportará profunda experiencia y entusiasmo. Aun así, debe anticiparse a las críticas a sus políticas de control de armas y no proliferación, y esperar comprometerse con el Capitolio y el público, integrando sin problemas los planes de compromiso en los esfuerzos políticos. En lugar de aceptar la idea de que el Senado nunca más dará su consejo y consentimiento a los tratados de control de armas y no-proliferación, debería empezar a desarrollar planes para revigorizar el compromiso del Senado con sus deberes constitucionales.

También debería rechazar totalmente el estribillo de que “el control de armas está muerto”. El control de armas no es una entidad mortal; es una herramienta que puede cambiar y evolucionar para enfrentar los desafíos del día si se combina con competencia, paciencia y fuerza de voluntad. La creación de una nueva generación de acuerdos de control de armas y otras medidas de reducción del riesgo nuclear no será fácil. Sin embargo, es mucho más que manejar las secuelas de la proliferación masiva, una carrera de armas nucleares desbocada o un posible uso nuclear.

No hay duda de que Biden se enfrentará a una serie de retos en materia de control de armas y no proliferación, pero pocos presidentes han estado mejor preparados para la tarea. Para progresar, tendrá que asumir algunos riesgos, tomar algunas decisiones difíciles y, a veces, dirigir personalmente el trabajo que debe hacerse con los líderes extranjeros, los del Congreso y su propio personal. Pero si el objetivo es proteger al país y al mundo de los riesgos nucleares, no se debe hacer otra cosa.

Fte. Defense News

Alexandra Bell es directora de políticas del Council for a Livable World. El Consejo apoyó al presidente electo Joe Biden en las elecciones presidenciales de 2020, una primicia en los 58 años de historia de la organización.

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